viernes, 13 de noviembre de 2015

Mi tía Lola y mi tío Alberto

                               Lola Coll de Rodríguez y Alberto Rodríguez

Mi tía Lola (María de los Dolores) era la primogénita de los hermanos Coll Payares y esta circunstancia la llevó a ser cabeza de familia desde temprana edad y a hacerse cargo de Margot y Agustín, menores que ella. Desde que llegó a Caracas, proveniente de la ciudad de Calabozo, consiguió empleo en el Banco de Venezuela que para aquella época era una prestigiosa institución. Allí permanecerá por más de veinte años ocupando distintas posiciones hasta llegar a ser la secretaria del Presidente del Banco, Sr. Emilio Beiner (este era el cargo más alto que podía alcanzar una mujer en el Banco de Venezuela). Alli conocerá a un compañero de trabajo, Alberto Rodríguez Briceño, quien después de un prolongado noviazgo se convertiría en su esposo.

Lola siempre se distinguió por su inteligencia y agudo sentido del humor. Tocaba el piano desde niña y solía interpretar a Chopin y Beethoven en sus ratos libres. Aunque no tuvo la oportunidad de estudiar por tener que trabajar, se las ingenió para hacer un curso largo de inglés en la Universidad de Columbia, New York, lo cual era un paso insólito para una señorita en aquellos años. Era una mujer de avanzada y desde joven fumaba, lo cual tampoco era común entre las muchachas caraqueñas. Tenía el cabello rubio y por eso sus amistades la llamaban "la catira".

Un episodio famoso de la vida de mi tia Lola es el relativo a su romance con Manuel Casal, un argentino muy educado y cortés que le ofreció matrimonio y casi llega a consumarse; pero en el último minuto se devolvió de la Iglesia porque sintió que su verdadero amor era por mi tio Alberto, quien había descuidado la relación por llevar una vida un poco bohemia.

Mi tío Alberto era una persona que amaba la vida al aire libre. Disfrutaba mucho de la natación, la cual practicaba en rios y mares. Era tal su afición por las playas que se compró una casa en Catia de la Mar, a donde íbamos con mucha frecuencia. La cercanía de la casa con el Club Playa Grande lo impulsa a hacerse socio fundador y alli permanece por muchos años. También fue socio del Junkito Country Club, cuyo clima le encantaba y por tal motivo compró un terreno muy cerca de la sede del Club e importó una casa de madera desde Canadá para instalarla en esa parcela.

Amaba los animales, al punto que era conocido entre sus amigos como "la guaca" porque frecuentemente andaba con una guacamaya encima de sus hombros. También era famoso por poseer y cuidar una boa o tragavenados a la que apodaba "Maria Chucha", a la cual sacaba con frecuencia enrollada en la cintura. En su casa de la Urbanización El Rosal construyó una enorme pajarera, donde tenía una gran variedad de aves canoras.

                                                     Alberto Rodríguez Briceño

El fue un gran motociclista y en su Harley Davidson hacía largas excursiones, como la que realizó desde Caracas al Pico El Aguila en Los Andes merideños. Logró tanta destreza en su H.D. que realizaba la figura del Cristo con la motocicleta en movimiento, parándose algunos segundos encima del asiento con los brazos abiertos. Cuando los automoviles Mercedes Benz llegaron a Venezuela, él fue uno de los primeros que tuvo uno y lo conservó por muchos años, manteniéndolo en perfecto estado. En uno de los muchos ríos en que se bañó contrajo una bilharzia que finalmente le atacó el higado, produciéndole una cirrosis que lo obligó a hospitalizarse hasta el día de su muerte.

Mi tío Alberto tenía un carácter jovial y siempre estaba alegre. Le encantaba ponerle sobrenombre a todas las personas y cosas. A mi tía lola la llamaba "Petra", a mi tía Margot "Monseñor", y a mí me decía "Pirito" que era un diminutivo del sobrenombre de mi papá, a quien apodaban "El Piro". Fue tanta mi admiración y amor por mi tío Alberto que no tuve ninguna duda en bautizar con el mismo nombre a nuestro primogénito, como recuerdo y homenaje a su persona.

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